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Las solteras chinas, bajo la presión ser calificadas “mujeres sobrantes”
PekÃn, 8 mar (EFE).- Si una mujer china sigue soltera a partir de los 28 años, recibirá el apelativo de “shengnu” (“mujer sobrante” en mandarÃn), un término acuñado y divulgado por los medios oficiales que impone una palpable presión entre la población femenina.
Chang tiene 31 años. Vive en PekÃn y se graduó en la Universidad Pedagógica, una de las más prestigiosas de la capital. Ha trabajado como asistente de dirección en QQ, un sistema de comunicación telefónica vÃa internet puntera en China. Es una mujer independiente y exitosa. Pero no tiene pareja.
“Siento el estrés de mi familia… Mi padre incluso quiere que vuelva a mi pueblo. Piensa que allà me será más fácil casarme”, cuenta a Efe con pesar.
Es un ejemplo de “shengnu”, una etiqueta que nació de los medios de comunicación oficialistas en 2007, en coincidencia con la publicación de un informe gubernamental que alertaba del gran desequilibrio poblacional entre hombres y mujeres, causado por los abortos selectivos y la polÃtica del hijo único.
Con una población de cerca de 20 millones de hombres más que mujeres, la cuestión es por qué, pese al gran excedente de oferta masculina, muchas continúan solteras.
Las autoridades chinas sugieren que las “shengnu” son, paradójicamente, las más preparadas y con una educación de mayor nivel -la categorÃa “A” de un ránking hasta la “D”-, mujeres como Chang que han optado por una vida independiente.
Su solterÃa deriva, según esta teorÃa, de su extrema exigencia a la hora de encontrar un hombre que se ajuste a sus expectativas, sobre todo económicas.
“La noción de que esas mujeres brillantes están solteras porque son demasiado exigentes es un estereotipo”, dice a Efe Leta Hong-Fincher, estudiante de doctorado en SociologÃa de la Universidad Tsinghua de PekÃn que lleva años investigando el tema.
Para Hong-Fincher, el término “shengnu” forma parte de una campaña gubernamental que nació a raÃz del desajuste demográfico y que persigue dos fines: mejorar la especie y retirar del “mercado” a un ejército de solteros que, sin una esposa y familia propias, puedan desestabilizar el orden social.
Según el primer objetivo de esta teorÃa, las autoridades chinas se inquietaron al presenciar cómo las féminas más preparadas postergaban o renunciaban a la vida marital, lo que reducÃa las posibilidades de dar a luz a una generación intelectualmente superior.
Con el objetivo de reducir ese retraso, se habrÃa iniciado una operación para denostar la solterÃa y que las hijas pródigas del régimen no olvidaran que “debÃan” encontrar pareja.
“He conocido a muchas mujeres jóvenes tan ansiosas por casarse que llegan a hacerlo con alguien que va en contra de sus intereses”, apunta Hong-Fischer.
No resulta difÃcil notar esa “inducción” al casamiento entre muchas veinteañeras chinas. Aunque aún no alcanza la edad fatÃdica, Lin Li, de 25 años y con un puesto estable de traductora, asegura a Efe que, para ella, “es mejor no ser ‘shengnu’, ya que hay menos opciones y es menos conveniente para tener un bebé”.
“Mi madre quiere que tenga un esposo que también trabaje en PekÃn y que sea responsable y fiel”, narra, sacando a la luz la otra fuente de presión: las familias.
Haya o no estrategia por parte del Gobierno chino para equilibrar el balance, mejorar la especie o controlar la testosterona de los solteros, el término forma parte del lenguaje cotidiano de la sociedad china, lo que suscita las crÃticas.
“Es una falta de respeto para las mujeres que han pasado la mejor edad para casarse”, dice a Efe Huang Qian, una empleada de una empresa estatal de 24 años a quien aún no le afecta de lleno el estrés por encontrar novio.
Pero es indudable que el término añade presión a una población femenina china que cada vez despunta más profesionalmente.
Las cifras lo avalan: de acuerdo a la revista Forbes, 11 de las 20 mujeres más ricas del mundo por iniciativa propia proceden del gigante asiático, que ostenta el segundo puesto, por detrás de Tailandia, con mayor número de directivas (el 19 por ciento de consejeros delegados en las grandes empresas).
Por Paloma Almoguera.
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